El territorio que actualmente se corresponde con el término de Puerto Real ya desde el siglo XIII fue punto de disputa entre las dos poblaciones más importantes del entorno (entonces y hoy): la ciudad de Jerez de la Frontera (a cuyo término pertenecían las tierras de Puerto Real) y la de Cádiz. En 1480 y 1481 las intentonas de colonización (de ocupación, más bien) efectuadas desde la capital gaditana del pago de La Argamasilla fracasarían tras la activa oposición del concejo xericiense (al contexto de cuya ciudad pertenecía por aquellos entonces el actual término portorrealeño, como señalábamos).

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Cuando el monarca castellano Alfonso X conquistó la ciudad de Cádiz, a mediados del siglo XIII, le otorgó el título de villa y la dotó de un alfoz (que es el equivalente -salvas las distancias temporales- a un moderno término municipal) de gran extensión, que comprendía el núcleo urbano gaditano, su isla, La Puente, la aldea de Alcanatif (El Puerto de Santa María), la alquería de Rayhana (¿Marquesado?) y las torres de Solúcar (Sanlúcar de Barrameda), es decir, toda la costa gaditana desde la Bahía de Cádiz hasta la desembocadura del gran río Guadalquivir, llegando este enorme alfoz gaditano por el interior hasta los límites de ciudades como las de Jerez de la Frontera y Medina Sidonia (la primera, de realengo, la segunda señorío de la Casa de Guzmán).

Enrique IV de Castilla.

Enrique IV de Castilla.

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Es de señalar, en lo que atañe a las alquerías de esta zona y a la construcción y pérdida del alfoz gaditano, lo relevante del legado medieval islámico en el entorno. Dentro del territorio gaditano quedaron encuadradas en el siglo XIII distintas alquerías (o aldeas), pequeños poblados diseminados por distintos puntos de la comarca, tanto en la costa como en el interior; algunos de sus nombres eran Jarana, Rayhana, Campix, Grañina, Finogera, Poblanina, Fontanina, Villarana, Bayna, Casarejos, Bollullos, Marcha-Tamarit y Marchal-Grasul.

Estos pequeños núcleos de población, pequeñas aldeas de origen presumiblemente islámico (pero en las que no es de descartar que hundan sus raíces, como en el caso de Xarrana-Jarana, en un pasado incluso anterior) cuyos pobladores, musulmanes hasta el siglo XIII, se dedicaban fundamentalmente a la producción agrícola y las actividades relacionadas con el medio marítimo, en ocasiones llegaban a tomar unas dimensiones considerables, con notables vías que las cruzaban, y en cuya intersección se podía levantar el principal edificio de índole religioso, la mezquita, y junto a ésta otros construcciones, civiles, de relativa importancia.

Este amplísimo territorio del alfoz diseñado por el Rey Sabio para Cádiz (sobre el que debía articularse uno de los grandes proyectos alfonsíes, el “Fecho de la Mar”) iría con el paso del tiempo reduciéndose, de manera que diferentes espacios que una vez formaron parte del mismo se emanciparon de este alfoz gaditano alcanzando su independencia, o bien pasaron a formar parte del patrimonio de alguna de las grandes casas de la nobleza. Así, el término gaditano (que obedeciera a tan gran diseño inicial), quedaría en el siglo XIV reducido a poco más que la isla de Cádiz y, en el corazón de la misma, al joyero de su recinto amurallado, dependiente en buena medida en cuestión de abastecimientos del concejo xericiense (de la tierra firme frontera, parafraseando lo dicho por Estrabón siglos atrás).

El término de Cádiz quedó finalmente reducido a su isla: en 1281 se crearía Santa María del Puerto sobre la aldea de Alcanatif (o “Alcanatir” o “Alcanate”). Más tarde, Rota, las torres de Solúcar (la moderna Sanlúcar de Barrameda), y otros pagos ribereños al Guadalete acabaron en manos de la noble Casa de los Guzmanes. En el siglo XIV, la alquería de Rayhana así como la Isla de León pasaron a su vez a poder de señores feudales; mientras, el concejo de Jerez iba haciéndose con parte del territorio gaditano, logrando establecer en La Matagorda un fondeadero para su flota.

Isabel I de Castilla.

Isabel I de Castilla.

Pese a ello, desde Cádiz no se abandonaría la idea de recuperar cuando menos menos parte de sus antiguos dominios, y en el año 1481 (tras un primer -y fallido- intento acometido el año precedente) se intentaría reincorporar al seno del dominio gaditano unas tierras que hoy día corresponden a parte del término portorrealeño tal y como sería diseñado por la Corona de Castilla al producirse la Fundación de la Villa de Puerto Real muy poco tiempo después, en 1483 (una Fundación que en buena medida sería consecuencia directa de los intentos gaditanos por hacerse con el control del que sería el litoral portorrealeño).

A fines de 1481, el día 16 de noviembre, los gaditanos escuchaban por sus calles cómo el marqués, don Rodrigo Ponce de León (conocido como “Ponce de León el Viejo”, quien se había apoderado de la ciudad de Cádiz durante el reinado del débil Enrique IV de Trastamara, hermano y antecesor de la reina Isabel I, Isabel la Católica), había ordenado que a todos aquellos vecinos que desearan establecerse en los términos de “La Argamasilla”, en las inmediaciones del pago de “La Matagorda”, se les daría tierras, pese a pertenecer dichas tierras al alfoz de Jerez de la Frontera. No tardarían en reunirse suficientes personas como para que partieran dos barcos desde la ciudad de Cádiz cargados de colonos dispuestos a poblar aquellas tierras sitas frente a su ciudad; entre los gaditanos iban algunos personajes destacados en la sociedad local del momento: regidores como Fernando de Cubas, Antón Bernalte, Pero Galíndez o Pedro Cherino, el jurado Juan de Reina y el escribano Sancho Benítez.

Una vez desembarcados estos “expedicionarios” gaditanos en el citado pago de La Argamasilla se procedió al reparto de tierras de dicha zona en diferentes lotes, en porciones que iban desde las dos aranzadas que se cedieron a unos, hasta las doce que recibieron otros,…desde el rincón de la Reguera, que es cerca del paso de la Esparraguera, fasta la torre de Gonzalo Díaz, camino de Medina… En poco tiempo se entregaría en reparto la práctica totalidad del territorio considerado, no quedando mucho más por conceder en aquella zona …desde la fuente de la Figuera fasta la Argamasilla fasta la torre de Gonzalo Díaz pasada la torre dos tiros de bombarda y luego en cuadro contía de media legua la vía de Xerez del norte fasta un cerro alto que dixo que se llama la cabeza del griego…

Como vemos, se trataba precisamente del espacio que hoy ocupa el casco urbano de Puerto Real, desde la Esparraguera (pago que conserva aún hoy el mismo nombre, como sucede igualmente con el de Matagorda) hasta el camino de Medina, donde se nos da la referencia toponímica de la “Torre de Gonzalo Díaz”, una torre defensiva que daría nombre al camino Real, hoy calle Real y antes aún “calle de la Torre”, precisamente por dicho hito histórico, y que se relaciona con Gonzalo Díaz, personaje que habría de ostentar -brevemente- el señorío de una parte de lo que hoy es el territorio de Puerto Real en el siglo XIV.

Así, bajo el nombre de “La Argamasilla” hemos de encontrar y de identificar más que probablemente al territorio que se encuentra bajo el solar del casco histórico (y del conjunto del casco urbano) de Puerto Real, un topónimo que (nunca mejor dicho y literalmente) ha quedado enterrado por dicho caserío urbano (al que sustenta y soporta, también literalmente) desde el siglo XV, de modo que si bien otros pagos como los de La Matagorda, La Cabezuela, El Trocadero, Jarana sí conservan sus nombres desde la Edad Media (si no incluso desde antes, como es el caso del Barrio de Jarana, cuya denominación hunde sus raíces en la romana Sacrana, llegando a nuestros días a través de la Xarrana árabe –tal y como la Hispalis romana llega a la Sevilla actual a través de la Isbiliyya islámica).

Rodrigo Ponce en la Plaza Mayor de Salamanca.

Rodrigo Ponce de León en la Plaza Mayor de Salamanca.

Volviendo a este cuando menos arrogante intento gaditano de usurpación de un territorio de realengo (en el que una vez más se hace presente el permanente conflicto entre realengo y señorío en tiempos medievales), la intentona no tardaría en llegar a conocimiento del Cabildo xericiense, el cual, como era de esperar, no estaba dispuesto a dejarse arrebatar tan fácilmente aquella notable parte de su término, máxime si tenemos en cuenta la relevancia estratégica y económica que tenían aquellos lugares para los jerezanos, siendo la franja litoral y el espacio portuario por donde salía buena parte de los productos de su campiña, sin el perjuicio que ya por entonces supondría embarcarlos por El Portal, pues en el descenso de la corriente del Guadalete dichas producciones tenían que pasar obligadamente por El Puerto de Santa María, señorío desde el siglo XIII de la Casa de la Cerda (y por tanto viéndose sometidas tales mercancías a los controles y portazgos de los dichos señores de la localidad portuense).

De este modo, el 21 de noviembre el Cabildo de Jerez de la Frontera nombraría al jurado Diego de Estopiñán (de notable familia enfrentada por ese entonces a los Ponce de León), según las Actas Capitulares jerezanas…para que en nombre desta cibdad e por ella vaya (…) a la Matagorda e Argamasilla e torre de Gonzalo Díaz e retefique e tome e aprehenda por esta cibdad e para ella el dicho su término (…) e pueda desfacer e desfaga todos qualesquier mojones que en términos desta cibdad son fechos… El susodicho jurado acometió su misión con tal agilidad que el 23 de noviembre (tras dos días de acción solamente) ya había tomado posesión de las tierras fugazmente usurpadas por la voluntad del marqués de Cádiz.

Al parecer el interés de los gaditanos por este lugar (que quizá por entonces no debía de estar completamente despoblado), habría despertado la atención de los oligarcas jerezanos, llegando la élite xericiense a la conclusión de que podrían repartirse entre ellos aquellas buenas tierras (algo que además podría servir para frenar los intentos -ya demostradamente reiterados- de ocuparlas desde Cádiz: nada mejor que un núcleo de población consolidado y consistente en dicho entorno para impedir la llegada de pobladores nuevos); de esta forma el corregidor Juan de Robles pidió se le concediera un solar en La Argamasilla (donde había abundante y buena caza) para erigir allí su casa de recreo, siendo que la respuesta del cabildo xericiense a tal petición sería la siguiente: …fue dicho que se debía así hazer e dar al señor corregidor el dicho solar, e después del se diese a los veinticuatro desta cibdad e después (…) al dicho alcaide Juan de Paz, después del al alguacil García de Robles e luego a los jurados (…) e luego a los fieles ejecutores e luego al escribano del cabildo e luego al dicho Fernando de Cuenca escribano público…

Al poco tiempo tampoco fructificaría este intento de la elite jerezana por poblar esta ribera de la Bahía, quedando frustrado el mismo; serían los Reyes Católicos los que decidieran, movidos entre otras razones, por este clima de tensión entre localidades vecinas (una de realengo, Jerez de la Frontera, y otra, Cádiz, también de realengo pero sujeta desde hacía no mucho al señorío -que se revelaría fugaz- de una Casa noble, la de los Ponce de León) a crear una puebla autónoma, de realengo, en estas tierras hoy portorrealeñas. De este modo se otorgaría la Carta-Puebla de Puerto Real el 18 de junio de 1483 en la ciudad de Córdoba, aunque ésta es otra historia, tema para otros párrafos.

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