Un comentario que se repite como un mantra en cada publicación sobre el equipo de Gobierno. Un epitafio prematuro grabado con el cincel de la frustración ciudadana. Un derrotismo de barra de bar que lejos de construir ciudad acaba por intoxicarla. Gobernar sin dinero, con la Participación en los Ingresos del Estado retenida, en minoría, con un tránsfuga, con una plantilla municipal mermada y con los barrios sin mantenimiento diario, no ha tenido que ser tarea sencilla.

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Pese a encontrar un Ayuntamiento esquilmado, el Gobierno local ha mostrado temple, coherencia y empatía con los ciudadanos. Nos pueden gustar más o menos sus decisiones, pero en estos más de tres años no tenemos que lamentar salidas de tono y derroches propios de otras épocas. Dar la vuelta a la maraña fiscal y administrativa no es fácil. La burocracia es lenta para todos. Parece que desde hace unos meses se va viendo más luz sobre asuntos urgentes como la necesaria contrata de jardines, la adjudicación del Complejo de Piscinas, la apertura permanente del Museo o el logro de los fondos EDUSI.

Quedan apenas siete meses para unos comicios que se presumen apretados en la izquierda. Al Gobierno Podemos-Equo le queda algunas cartas, que bien jugadas pueden inclinar la balanza. Si no falla el calendario deberían empezar obras de eliminación de barreras en algunas calles del centro, la presentación del proyecto de Plaza de Abastos que se ejecutarán con los fondos EDUSI, y la licitación del Servicio de Transporte Urbano.

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De aventurar una futura composición del Ayuntamiento nos atrevemos a pensar que tras los casos judiciales que han acabado con la cúpula del Partido Andalucista local, se espera un descalabro de la formación en las urnas y la nula representación de Ciudadanos y PP. También lo tiene ajustado Izquierda Unida, su electorado será previsiblemente engullido por PSOE, Podemos y Equo como ha ocurrido en otras plazas. De encontrarnos en mayo con este panorama, el actual Gobierno podría revalidar, con el permiso del PSOE de Elena Amaya que tiene posibilidades reales de liderar el cambio veinte años después de Antonio García (1998-1999).

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